Sinopsis:
Lope de Vega escribe Los locos de Valencia a raíz de su estancia en esta ciudad entre 1589 y 1590. Tenía 27 años por entonces y ya había pasado por la cárcel, había guerreado con la Armada Invencible, se haba casado con Isabel de Urbina y cumpla en este tiempo una condena de ocho años de destierro fuera de Madrid.
Desde finales de la década de 1570, Valencia era un rico centro comercial a la vez que una capital brillante desde el punto de vista cultural. Nuestro autor no había escrito aún su Arte Nuevo de hacer comedias y en la elaboración de este importante manifiesto teatral debieron de influir dramaturgos valencianos tales como Cristóbal de Virus, Tárrega y Guillén de Castro, entre otros. Otra circunstancia destacable que, sin duda, contribuye a configurar el primer teatro lopesco, fue la influencia de los cómicos italianos que utilizaban Valencia como acceso portuario a la Península, importando su famoso género teatral, la Commedia dell’Arte, que contribuyó a que esta ciudad fuera en este tiempo una importante plaza teatral.
En Los locos de Valencia Lope de Vega retrata la locura de amor, uno de los temas recurrentes a lo largo de su obra. De manera ingeniosa y divertida construye el enredo amoroso en un espacio tan particular como es el Hospital de locos. La intriga, lejos de las habituales comedias de capa y espada, tiene un carácter burlesco próximo a la farsa y, curiosamente, los personajes, huyendo de una realidad exterior que les amenaza, encuentran su Arcadia, su escenario de loco enamoramiento en el ámbito del manicomio.
Lope de Vega retrata de manera ingeniosa y divertida la locura de amor. Los personajes, huyendo de una realidad exterior que les amenaza, encuentran su escenario de loco enamoramiento en un hospital de locos.
Ficha artística:
Dirección: Fernando Urdiales
Autor: Félix Lope de Vega
Versión: Fernando Urdiales
- Floriano: Jesús Peña
- Erífila: Rosa Manzano
- Valerio: Javier Juárez
- Gerardo: Julio Lázaro
- Fedra: Mercedes Saiz, Verónica
- Laida: Ruth Rivera
- Pisano: Luis Miguel García Martín
- Liberto: Jaime Rodríguez
- Tomás / El Caballero: Borja Semprún
- Doctor Verino: Javier Semprún
Escenografía: Eugenia Navajo
Realización de escenografía: Eugenia Navajo, J. Juárez, Miguel Ángel Martínez
Figurines: Lupe Estévez
Realización vestuario: Rosa Álvarez, Yolanda Urquiza, Juan José Delgado, Lupe Estévez, Olga Mansilla.
Tramoya: Miguel Ángel Martínez
Diseño de iluminación: Javier Martín del Río
Música: Juan Carlos Martín
Ayudante de dirección: Javier Juárez
Otros datos:
Duración: 95 min
Público: todos los públicos
Idioma: castellano
Estreno: 21 de agosto de 2007 en el Teatro Nuevo de Ciudad Rodrigo (Salamanca)
Críticas
EL NORTE DE CASTILLA
7 de abril de 2008
Delicioso trastorno
Magnifica creación de Teatro Corsario sobre un divertimento de Lope de Vega. Me rindo ante el despliegue de versatilidad que supuso La barraca de Colón -ambas producciones pasaron por el Juan Bravo- y paso a encabezar la lista de entusiastas rendidos a Los locos de Valencia.
El tono de la crítica, en general, ha sido bondadoso, pero a mi me apetece subir el tono, porque este juguete teatral lo disfruta como hacia tiempo. La comedia del Fénix es singular, atrevida y socarrona, y Corsario ha estirado el material sin quebrarlo añadiendo potencia a esas cualidades para gozo del respetable.
‘Los locos de Valencia’ transcurre en el primer manicomio de Europa, a orillas del Turia, donde los furiosos viven en paz mientras los cuerdos que allí acuden envidian su condición. Tal es el caso de Floriano, escondido tras haber dado muerte a un príncipe de Aragón. Y el de la bella Erifila, recluida entre estas paredes después de que el celador la encontrara a voz en grito en medio de la calle, semidesnuda, contando que un ladrón la había despojado de todas sus pertenencias.
Ambos revolucionan el taller de la mente porque tanto excéntricos como juiciosos, internos y trabajadores, se enamoran perdidamente de los nuevos inquilinos, y comienza aquí una comedia de simulación entretenidísima donde cada cual juega el papel que le parece para lograr los favores de sus respectivas presas. El amor como elemento de inestabilidad, enredo, engaño y confusión.
No se permite ni un leve descenso del ritmo, en todo momento acelerado, pero no precipitado, lo que impide el aburrimiento. La escenografía es más compleja de lo que parece, con ese ajedrezado que conforma un entramado de planos y perspectivas que otorgan profundidad y algo de desazón. Y el vestuario es simplemente maravilloso, tan corpóreo que habría que llamar esculturas a los trajes y pelucas para hacer justicia.
La actitud de los actores, la insólita mezcla de música (aflamencada, peliculera, moderna y de raíz) y la hipérbole en las vestimentas y los maquillajes conforman un ambiente burlón y grotesco que resulta delicioso, coherente e inspirador.
El reparto coral alcanza una altura de vértigo, recitando el verso con naturalidad y extrayendo el jugo dramático de cada giro y pausa. Rosa Manzano en el papel de Erifila está perfecta, pero en general las interpretaciones son todas jugosas y comprometidas con la fiesta en la que se convierte el montaje.
Imágenes: Luis Laforga ©
Espectáculo subvencionado por la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León: